Chocolate, granadas y un descenso simbólico al Hades. Una receta para honrar a Perséfone, agradecer lo cosechado y prepararnos para transitar la oscuridad que acompaña al otoño. Porque la magia también se hace en la cocina.
Saraswati-Brighid
Esta es una de mis recetas consentidas. En lo personal, un buen chocolate, especialmente cuando tiene un alto contenido de cacao, es una maravillosa forma de conectar con nuestra sombra interna, de descender a nuestro propio Hades y, desde allí, conectar con el amor.
Desde hace mucho tiempo, al cruzar la puerta de Mabon, comienzan mis ofrendas a la Reina y Señora del Inframundo. Esa mujer que, aun llevada a la oscuridad, encontró en ella la luz y la fuerza suficientes para descubrir quién era realmente, comprender sus profundidades y confiar en su propia valía.
Y es que me gusta pensar en Perséfone como una deidad que no le teme a la muerte. Por el contrario, ha aprendido a reinar en sus dominios. Pero también reina en la vida cuando abandona el Inframundo para celebrar junto a su madre, Deméter, el regreso de la primavera.
Según una de las versiones del mito, este reencuentro solo puede durar seis meses, puesto que la diosa comió del fruto del Hades: la granada. Sus semillas son, para mí, un recordatorio del ciclo entre la vida y la muerte, de las semillas que somos dentro de un todo mayor, de la fertilidad y de la promesa de la unión sagrada.
Por ello, para honrar este arquetipo que tanto me ha ayudado a resignificar mi propia historia, suelo preparar un brownie con granadas, una ofrenda en la que deposito mi gratitud y una intención para caminar esta nueva oscuridad que se acerca.
Los ingredientes para nuestro viaje al Hades
Necesitarás:
● 4 huevos, gran misterio de la vida.
● 240 g de chocolate con un 60 % de cacao, boleto para un paseo intenso al Hades de nuestro ser.
● 440 g de azúcar, para que el descenso a nuestro Hades sea más leve.
● 180 g de mantequilla, suave y cremosa como las ilusiones que crea nuestra mente.
● 280 g de harina de trigo de todo uso, la cama en la que se recuesta nuestra sombra para su viaje de introspección.
● 40 g de cacao en polvo, lo suficiente para garantizar que el corazón no se desconecte durante este viaje.
● 3 granadas medianas, que ofreceremos como recordatorio de la ciclicidad, de la sangre que habita en nuestro cuerpo y de las semillas que conforman la unidad. Es también el fruto que nos recuerda el regreso inevitable al Hades.
● 6 cucharadas de azúcar o miel, al gusto, para preparar nuestras granadas con amor y dulzor.
● Un poco de agua, porque siempre hay que saber en qué momento actuar con sabiduría.
● Vainilla y especias al gusto, porque, al final, cada experiencia es personal y la aderezamos con aquello que nos resuene.
Preparación: el descenso comienza en la cocina
En un recipiente resistente al calor, a baño María, derretimos el chocolate junto con la mantequilla, con la certeza de que este viaje de descenso puede ser ligero y fluido. Dejamos que la mezcla se enfríe un poco, porque no siempre es muy sensato reaccionar en caliente.
En otro recipiente vamos colocando, uno a uno, los misterios de la vida: nuestros cuatro huevos. Uno por cada cuarto, por cada estación.
Les incorporamos el azúcar y el cacao en polvo y batimos vigorosamente para recordarnos que, sea cual sea el camino que elijamos, lo importante es mantener la nobleza, la alegría y nuestra conexión con el corazón.
Ahora mezclamos el chocolate fundido con la mantequilla y los huevos azucarados con cacao.
El viaje comienza a tomar forma. El descenso ya tiene aroma.
Agregamos la harina tamizada para que pueda sostenernos y hacer más integradora nuestra experiencia. En este instante también podemos incorporar las especias que queramos sumar e intencionar aquello que deseamos trabajar durante nuestro viaje al Hades.
Vertemos la mezcla final en un molde previamente engrasado y enharinado y la llevamos al horno, que debe estar precalentado a 175 °C durante aproximadamente 25 minutos, dependiendo del molde y del horno.
¿Y cómo sabemos que está listo?
Cuando al introducir un palito en el centro, este salga con algunas migas húmedas y pegajosas, pero jamás chorreando masa líquida. Queremos un brownie jugoso, no uno que todavía necesite seguir su proceso de transformación.
Las granadas: semillas de vida, muerte y renacimiento
Mientras nuestro brownie está en el horno, abrimos las granadas y extraemos las semillas de la vida, del placer, del amor, de la unidad y de la fertilidad.
Observamos cómo en ellas están reflejadas cada una de nuestras bendiciones, deseos y anhelos.
Agradecemos a la diosa por todo lo cosechado durante el año y nos comprometemos a volver a ser semillas, a sembrar nuevamente para la próxima vuelta de la Rueda.
Colocamos las semillas en una olla, agregamos el azúcar o la miel y un poco de agua. Llevamos a fuego lento, removiendo con cuidado, hasta conseguir una preparación ligeramente confitada.
Este será nuestro confite de amor, unión sagrada, vida, muerte y renacimiento en sabiduría.
Una vez retirado el brownie del horno y después de dejarlo enfriar, extendemos la preparación de granadas sobre su superficie.
Y así, nuestro Brownie de las Sombras estará listo para convertirse en una ofrenda.
Cuando cocinar se convierte en un ritual
Puedes preparar esta receta después de montar tu altar, convocar a Perséfone y Hades y dejarte llevar por la experiencia de ritualizar a través de la magia de la cocina.
No necesitas convertir cada movimiento en una ceremonia solemne. Basta con estar presente, reconocer lo que deseas agradecer y aquello que estás dispuesta a transformar en esta nueva vuelta de la Rueda.
Al fin y al cabo, también cocinamos con nuestros recuerdos, nuestras emociones y nuestras intenciones. Y pocas cosas nos conectan tanto con la vida como preparar algo que después podremos compartir.
Un último bocado antes de regresar
Perséfone nos invita a mirar aquello que solemos esconder incluso de nosotros mismos. A comprender que la oscuridad no tiene por qué ser nuestra enemiga y que descender a nuestras profundidades también puede enseñarnos algo sobre el amor, la pérdida y nuestra capacidad de renacer.
Tal vez esa sea la intención más importante de esta receta: recordar que no tenemos que permanecer siempre bajo la luz para reconocer nuestro propio valor.
Si preparas este brownie, comparte con nosotros tu experiencia y cómete una cucharada en nuestro nombre.
Y si el helado es de tu agrado, acompáñalo con una buena bola de vainilla. Mezclar el invierno con el otoño hace que las profundidades sean todavía más intensas. ¡Y deliciosas!
Que te aproveche, feliz partida y feliz reencuentro.
